En éstos tiempos de tantos cambios en los banquillos e incluso en las direcciones deportivas, siempre viene bien recordar que el fútbol no es (o no debe ser) un negocio más, es lo que es por los AFICIONADOS.
Para muchos de nosotros el fútbol o, más concreto, el sentimiento de pertenencia a un club, supone mucho más que un juego o un negocio. Tanto es así que en muchos aspectos de nuestra vida aplicamos sus “enseñanzas” para entenderla y como método de afrontar dificultades.
La psicología del fútbol está intrínsecamente relacionada con la psicología bélica, de hecho muchos términos derivan de ella. Al final tienes en frente un contrincante, tu rival, al que tienes que ganar por lo civil o por lo criminal. Y claro, eso, evidentemente, es fácilmente extrapolable a la guerra que significa el día a día de nuestras vidas.
En términos bélico-futbolísticos tenemos los sevillistas un gran espejo en el que mirarnos, Don Joaquín Caparrós Camino. Este señor fue capaz de ascender con la gorra a primera con un equipo plagado de desechos y tuercebotas y consolidarlo en la élite, paso ineludible e inexcusable para alcanzar los éxitos que aún hoy estamos disfrutando. Por ello en éste blog reverenciamos a nuestro peculiar caballero oscuro (mas allá de comprender que no es el perfil de entrenador que encajaría en el club, tras la dimensión que ha alcanzado nuestro SFC). Por ello, y por qué no decirlo, porque nos encantaba ese juego aguerrido de casta y coraje hasta límites insospechados que practicaba el equipo con él al mando. Ésa contundencia, ese apretar los dientes, ésa continua comida de oreja al árbitro, esos pelos desbocados del míster, ese carácter ganador que inoculaba el técnico de Utrera en nuestros futbolistas ha sido criticado en varias ocasiones por nuestros adversarios pero está ampliamente respaldado por los resultados, que con las plantillas de aquél momento, no pueden catalogarse de otra manera que como éxito rotundo. Nos vino como anillo al dedo, nos sacó de un gran apuro. Cuánto le tenemos que agradecer.
Algunos capitalinos atribuyen la frase del “partido a partido” a Simeone, fruto del desconocimiento (por acción u omisión) habitual por aquellos lares. Evidentemente deriva de la expresión “paso a paso” y se utiliza desde siempre en el fútbol. Nuestro particular murciélago de la noche la aplicaba a rajatabla también. Tanto que estoy seguro que cada uno de nosotros, impregnados hasta las cejas de la filosofía caparrosiana, la adaptábamos a nuestras vidas con tanta naturalidad como la que tenían Pablo Alfaro (es nuestro líder) y Javi Navarro (el capitán que se lesionó el brazo de tanto levantar copas) al hacer una falta.
Como veo que el tema pide a gritos una vivencia personal, ahí va la mía. Corrían los primeros días de Febrero de 2003 y el aporreador de teclados que les escribe se encontraba en un momento crucial en su vida, las primeras semanas blancas de exámenes en la Universidad. Hasta ése momento el debut universitario se resumía en una pregunta que me repetía a mí mismo cansinamente “¿En dónde coño me he metido?”. También había otra muy recurrente que formulaba a mis compañeros“¿Cuándo vamos a hacer esas famosas fiestas universitarias?”. Y es que los inicios siempre son difíciles, que se lo pregunten a Nzonzi, o al propio Kanouté . Convendrán conmigo en que el primer curso estaba pensado para quitar del medio a los que venían rebotados de otros grados y/o a los que elegían ésta carrera porque la nota de corte no le había llegado para otra opción (como última alternativa, vamos). La idea (como bien sabéis) era que en primero nos impregnáramos de los conocimientos que constituían la base necesaria para que en 2º y 3º lleváramos a la práctica todo lo aprendido (era en aquel momento una diplomatura). A la antipatía e/o indiferencia de la mayoría de los profesores se unía la densidad de conocimientos que trataban de meterte en vena, gran parte de los cuáles, eran del todo infumables. Total, imagínense, puestos en antecedentes, la descomposición corporal que padecía quién les escribe ante la situación de estudiarse tochos de teoría de dos dedos y medio de grosor y sobre todo, a contrarreloj, porque eso de llevar la teoría al día era una ¿utopía? Para los no iniciados, en las tres semanas de Febrero (o las de Junio, peor todavía) de exámenes tratabas de estudiarte en dos días lo que deberías haber hecho en cuatro meses. Y eso repetido por 8 o más asignaturas. Algo que había que soportar con mucha filosofía caparrosiana para salir indemne, tanto física como mentalmente. El partido a partido, examen a examen, jugaba un papel fundamental en mi vida en aquellos momentos, de hecho, grababa las ruedas de prensa del despeinado de Utrera y juro por lo más sagrado que al verlas, me inyectaban ganas de seguir en el tajo. Que piara de locos somos. No sé, imagino y espero que ahora el bueno de Unai haya hecho lo propio con nuevas generaciones de estudiantes, zumbados y sevillistas como yo (cuando escribo éstas líneas todavía no ha firmado de forma oficial con el PSG). Todavía hoy le doy las gracias al Batman sevillista por su contribución tanto al Sevilla como a mi cartera, ya que me sigo dedicando, a Dios gracias, a lo que en su momento estudié.( “rara avis”).
En fin, que al final me he ido por la tangente, hablábamos de la aplicación de los términos futbolísticos o de la filosofía bélico-futbolística a la vida cotidiana. Un ejemplo es la fantástica campaña de publicidad que desarrolló la revista Líbero para sus inicios en 2014, con la que obtuvo numerosos galardones y sobre todo, lo que buscaba, reconocimiento por parte del público futbolero. Fantásticos sketch en los que además el personaje femenino es el encargado de dar “la charla táctica” con el objetivo de que su pareja masculina lleve a cabo alguna acción o acto social que inicialmente no desea realizar ( bajar la basura, cenar con los padres de ella…). Una idea maravillosa que todavía hoy sigue llamando la atención.
Siguiendo con la misma revista Líbero, la cuál recomiendo encarecidamente, otro bello proyecto que llevaron a la práctica fue utilizar el fútbol como medio de tratamiento en pacientes con alzheimer. Emocionante las declaraciones de los afectados, no se pierdan éste video
Como hemos visto, el fútbol nos influye en nuestra vida más de lo creemos y queremos. Tanto es así que muchos planes de ocio de fin de semana (sobre todo pensados por nuestras parejas) se van al traste en cuánto decimos eso tan bonito de “no puedo ir, juega mi Sevilla”. Y lo mejor de todo es que, generalmente, disfrutas del fútbol con tus amigos, con los tuyos, piénsenlo bien, es un cóctel indestructible (fútbol- amigos-pasión). Un equipo sin personas que sientan el club como propio, que sufren en cada derrota y disfrutan en cada victoria como si le fuera la vida en ello, no es un club de fútbol, puede ser un club de campo, pero no MI CLUB. Y que los dirigentes se empeñen en separarnos cada vez más de nuestros equipos………
P.D. Evidentemente, todas las analogías escritas entre Joaquín Caparrós y Batman radican en el gran parecido que guarda el míster con el actor Michael Keaton, el cual encarnó al héroe de cómic en dos películas de la saga, en 1989 (“Batman” de Tim Burton, junto a Kim Basinger y Jack Nicholson) y en 1992 (“Batman returns” con Michelle Pfeiffer y Danny DeVito).